Antecedentes de EDI-Net

Se estima que aproximadamente el 40% del consumo energético mundial se produce en los edificios. Puesto que la vida útil de los edificios habitualmente es de más de cien años, la mejora de la eficiencia energética del parque de edificios existente debería jugar un rol principal en la estrategia para mitigar el impacto del cambio climático a medio y largo plazo. Los gestores de las instalaciones confían en los sistemas de gestión de edificios (BMS) para recoger los datos sobre el rendimiento de los edificios y el consumo energético con el objetivo de reducir los costes de funcionamiento y mantenimiento, mejorar el confort y ahorrar energía. Pero el uso del “big data” para conseguir tal ahorro requiere de una formación importante y de un conocimiento detallado del equipamiento de las instalaciones y su historia. También requiere de una inversión en tecnología de la información (IT) y en dashboards o análisis automatizados. Si a esto se le añade una infraestructura anticuada, presupuestos reducidos y la experiencia que se pierde por el reemplazo de personal, queda claro que los gestores de las instalaciones se enfrentan a un reto importante.

Históricamente, ha habido poca información disponible sobre el uso de la energía en los edificios públicos de Europa. Esto está empezando a cambiar, gracias sobre todo a la generalización de los sensores baratos y los contadores inteligentes que permiten la recogida de los datos de consumo energético en tiempo real. Al mismo tiempo, el software para analizar estos datos es caro. La regulación está ayudando a avivar esta tendencia, al intensificarse la presión de los gobiernos locales de toda la UE sobre los propietarios de los edificios para que encuentren manera de reducir su consumo energético (Pacto de los Alcaldes, Directiva de Eficiencia Energética, etc). Mientras que el análisis avanzado de datos abre nuevas puertas a la identificación de áreas de ineficiencia y a la implementación de iniciativas dirigidas al ahorro energético, las herramientas técnicas cambian rápidamente y deben ajustarse a los objetivos – y recursos disponibles – de las autoridades públicas. Esta tendencia está haciendo las ciudades más inteligentes, eficientes y útiles. Pero la mejor estrategia no proviene sólo de los datos, sino del compromiso real con los propietarios de los edificios, sus usuarios y los responsables de la toma de decisiones.  Nuestra estrategia innovadora es, pues, una estrategia liderada por los usuarios, con el objetivo de usar el “big data” para capacitar a las autoridades públicas para compartir su experiencia e implementar de manera más efectiva políticas de energía sostenible.